miércoles 17 de febrero de 2010

Relato corto 1

No…no sé por que estoy escribiendo esto. Desde las sólidas paredes de mi cordura, como si de un habitáculo

hermético se tratase, parece que lo ocurrido es tan sólo un sueño, una fantasmagoría, un delirio de una mente enferma a punto de morir. Pero es real. Horriblemente real. No es fácil relatar estos hechos, y creo que no voy a poder dormir nunca jamás. Por eso intento traspasar este desasosiego a papel, para realizar un exorcismo a los demonios que me atormentan….


Recuerdo… recuerdo aún como empezó todo. Me llamaban Martin Solomon. Pertenecía a la 5º Brigada Policial de Louisiana. Me habían trasladado hace poco a Nueva Orleans, para complementar el cupo que dejaron ‘’vacantes’’ algunos agentes, fallecidos en extrañas circunstancias. Ahora, al menos sé cual fue la suerte de aquellos desgraciados. Pero no adelantemos acontecimientos. Poco después de mi llegada, el comisario Malcom me ascendió a inspector del departamento por, modestia aparte, mi magnífica detención de unos narcotraficantes que desembarcaban cocaína a espaldas de toda la ciudad. Entre el comisario Malcom y yo se fue forjando una gran amistad. Malcom era un hombre que rondaba los 50, de cabello encanecido, y un frondoso bigote que le bajaba directamente desde las patillas. Sus ojos eran de un azul acero, tan fríos que parecía cortarte con la mirada. Pese a ello, era un hombre bastante más jovial de lo que aparentaba. Actuaba conmigo como si de un padre se tratarse. Esta relación suscitaba la envidia entre mis compañeros, pero no tomaba más importancia que meras rencillas.


Pasaron los años, y mi vida no era precisamente un cuento de hadas. Nueva Orleans es una ciudad bulliciosa, alegre y brillante, pero, esto es tan sólo una fachada se la Infra- ciudad que en realidad es. Crímenes horribles se realizaban día tras día. Pero estos iban más allá de la criminalidad normal. Estaban realacionados con cultos heréticos y terrible magia negra y brujería, adoradora de dioses largo tiempo olvidados. Dioses y criaturas más viejos que el mismo tiempo eran las receptoras de las aterradoras atrocidades y sacrificios que sus oscuros acólitos llevaban a cabo. Tonterías, majaderías, locuras de chiflado, pensaba yo mientras veía estas barbaries ante mis propios ojos. No alcanzaba a comprender cómo la gente podía creer en tan extrañas criaturas, propias de la imaginación de un demente, incluso….incluso llegar a matar en su nombre. Pero esto era mi pan de cada día. No les prestaba más atención que aun crimen normal. Je, aún recuerdo la primera vez que me asignaron un caso de ese tipo, estuve vomitando y teniendo pesadillas durante semanas enteras. Pero un día descubrí la verdadera verdad de estos oscuros ritos y terrores nocturnos. Todo comenzó cuando el comisario me mandó realizar un encargo especial, aquel aciago 23 de Marzo:


-Solomon, necesito que hagas una entrega para unos amigos.

-Pero,¿de qué se trata lo que debo hacer?-pregunté

-Tienes que ir a una de las conservadurías del muelle, la número 112 empezando por la izquierda. No es nada extraño. Es tan sólo un encargo.-le miré con recelo- para unos amigos. Que son un poco extravagantes, bueno. Pero no hay nada malo en ello, ¿cierto?

Y acto seguido me entregó una caja de madera hermosamente tallada con símbolos cabalísticos. Pese a ser un objeto hermoso, irradiaba un aura de maldad y codicia sobrehumana, sonando en ella un ritmo pausado ‘’Pum pum, pum pum’’ como los latidos de un corazón que se muere. Ni por todo el oro del mundo habría cogido ese artefacto… Pero una orden es una orden. Y las órdenes han de ser acatadas.

-Conservaduría 112, no lo olvides. A las 12 en punto de esta misma noche. Y, por lo que más quieras, no abras bajo ningún concepto la caja, ¿entendido?


Aquel comentario me resultó bastante extraño. Pero, claro, era un regalo. Y yo no era el destinatario. No le dí más vueltas al asunto. Quince minutos antes de la hora acordada, cogí el coche y me dirigí al puerto. Coloqué la caja en el asiento del copiloto. Dios, como me repugnaba ese recipiente cuyo contenido desconocía. Era un objeto inanimado, pero con ‘’vida’’ si se puede llamar así. Una inteligencia maligna y oscura. Pese a no tener ojos, me observaba…si, me miraba todo el rato, sin perder detalle de mis movimientos. Deseaba agarrar aquella maldita caja y lanzarla lo más lejos posible de mí, viendo como se hacía añicos contra el suelo…Bah, pero tenía una misión que cumplir. Tapé la caja con la chaqueta y seguí conduciendo. Llegué al almacén del puerto 5 minutos antes de lo previsto.


El edificio era la viva imagen de la cochambre y la ruina. Se levantaba sobre unos desvencijados postes de madera, erosionados por la acción salina y cubiertos totalmente de percebes, lapas y mejillones, formando una armadura de moluscos viviente. Cogí la caja (aún envuelta con la chaqueta, por supuesto, me daban arcadas con sólo tocar su lisa superficie barnizada) Me dirigí con cuidado hacía la puerta. El suelo de madera rechinaba con cada paso que daba, dando la impresión de que me iba a precipitar al vacío de un momento a otro. Llegué a salvo hasta la puerta. Era una herrumbrosa y enorme puerta corrediza, que moví sin dificultad y pasé al interior. Allí dentro reinaba una oscuridad total, tan sólo rota por el fino haz de luz que proyectaban las farolas de la calle a través de la puerta por donde acababa de entrar. Con la escasa luz, pude entrever unos ganchos que colgaban del techo por medio de cadenas, viejos bidones y material de oficina apolillado y cubierto de mugre se apilaban contra las paredes en grandes montones. Un panorama verdaderamente halagüeño, si señor. Yo me preguntaba donde se habían metido los ‘’amigos’’ del comisario, y todo me empezaba a oler a chamusquina. Literalmente, pues un olor acre comenzó a inundar el ambiente. Acto seguido, aparecieron de no se donde, dos figuras encapuchadas y jorobadas, con la cara oculta entre sus hábitos.


-Llegáis tarde.-les recriminé

-No importa-dijo el más jorobado- dénos el Receptáculo ya y podremos terminar rápidamente.

¿Receptáculo? ¿Se estarían refiriendo a la caja? Todo me daba vueltas en la cabeza. Esa reunión, el almacén, los oscuros negocios del comisario, el apestoso hedor que cada vez iba a más…No podría soportarlo más tiempo. Desenvolví la caja (o receptáculo, como la llamaban esos tipos) de la gabardina y, cuando me dispuse a entregarla, una voz procedente del interior de la caja comenzó a hablarme. Era una voz parecida a varias personas hablando de manera dispar, fría, unas veces a gritos y otras a susurros, que no paraba de decir ‘’ ¡Sácame de aquí!’’. Y entonces cometí la mayor estupidez de mi vida.


Preso del terror y de los nervios, dejé caer la caja al suelo, rompiéndose esta en mil pedazos. De repente, comenzó mi pesadilla. La voz que había estado oyendo en el interior de mi cabeza, se elevó en un alarido triunfal, extendiéndose por toda la oscura sala. De los pedacitos de la caja brotaron unos finos hilillos de un malsano humo violeta, condensándose en la parte superior del almacén. Los dos encapuchados chillaban presa del terror y no paraban de repetir:


-¿Qué ha hecho? ¿Qué ha hecho? El mortal ha roto el Receptáculo, Él está aquí, Él es libre ahora…


No sabía de quien o qué estaban hablando, pero me imaginaba que lo descubriría más adelante. Mis respuestas no tardaron en contestarse. El aullido salvaje que se oía monótonamente interrumpido, subió de repente el volumen, hasta llegar a un nivel de decibelios terrible. De mis oídos comenzó a brotar sangre. Y las finas tiras de humo violeta que se elevaban en el viciado aire, a la par que el infernal sonido y el nauseabundo olor, comenzaron a formar un Ser espectral, sacado de la imaginación de un demente, cuyo sólo recuerdo me aterroriza y me lleva hasta el límite de mi cordura.


Debía medir 15 metros, su cabeza era de forma picuda, rodeado su diámetro de varios pares de ojos. Su cara era alargada, parecida a la de un caballo, terminando en una asquerosa abertura, igual que la boca de las sanguijuelas. Sus brazos eran largos y delgados, cubiertos enteramente de espinas, hasta llegar a unas enormes manazas del tamaño de mi cabeza. En cambio, su torso era raquítico, completamente huesudo, notándose el esternón y las costillas, todo ello desembocando a una asquerosa cola de gusano o serpiente. Aquel Ser, aquel monstruo sacado de una pesadilla, era lo que contenía el Receptáculo. Todos mis temores se volvieron realidad. Los cultos heréticos eran reales, completamente reales, esos monstruos a los que adoraban existían. Y lo que es peor aún, el comisario Malcom, aquel del que me creía amigo y alumno, profesaba adoración a aquellas terribles bestias, llegando a poner en peligro a sus propios agentes por ellas. No era nada más que eso. Él sabía que iba a abrir la caja. No soy más que un sacrificio para su repugnante y monstruosa deidad, un aperitivo para su llegada.


De repente, los dos encapuchados me sacaron de mis pensamientos. Se arrodillaron frente al monstruo, entonando unos cánticos en una extraña y salvaje lengua de Otro Mundo. La criatura los cogió por el pescuezo, y los elevó hasta su apéndice de sanguijuela. Todos sus ojos miraron al unísono a aquellos pobres desgraciados. Abrió su boca, aumentándola como si fuera un paraguas, y clavó sus múltiples dientes en la carne de los encapuchados. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo, siendo espectador de la grotesca escena. Cuando hubo acabado de alimentarse, tiró los cuerpos a un rincón, vainas vacías, sin vida. Y entonces, Él, me miró.


Corrí presa del pánico hacía la puerta, pero Él pegó un salto enorme y taponó mi única salida con el material de oficina desperdigado por la sala. Con el término de mi vía de escape, había terminado también mi fuente de luz. Estaba completamente a oscuras con el monstruo, sin posibilidad de salir. Esa idea me aterrorizó completamente, si es que aún no estaba completamente horrorizado. No me quedaba otra salida que luchar. Saqué el revolver de la funda del cinturón y espere. Oía el traqueteo de la bestia, deslizándose por el suelo con celeridad. La oscuridad que me rodeaba me oprimía aún más. Y de repente, el asqueroso olor aumentó a mi derecha. Apunté con el arma hacia esa dirección, y descargué las balas contra el enemigo invisible. Las detonaciones de mi pistola me dejaban entrever a la criatura retorciéndose de dolor, mientras que profería terribles gritos, intentando desplazarse.


Comencé a seguirle con el olfato, a la vez que vaciaba el cargador sobre Él. Así, en la mas completa oscuridad, con la compañía de aquel infernal ser y mi pistola, pasaron las horas, siendo mi única luz las detonaciones del arma, y mi única música, los alaridos de dolor del monstruo. Después de varias horas que parecieron minutos y minutos que parecieron horas, descubrí, con terror, que se me habían terminado las balas. Y el monstruo no caía. Me di cuenta de que le tocaba a él pasar a la acción ahora. Después de que cesaran los disparos, la criatura calló. No se oía ni siquiera mi propia respiración. Me quedé quieto, esperando la muerte. Y fue entonces cuando se abalanzó sobre mí.


Un camión atropellándome habría sido lo más acertado para explicar lo que sentí cuando se lanzó sobre mí. Alcanzaba a ver el rostro de mi agresor. Estaba completamente cubierto de agujeros de balazos, quedándose algunos de sus ojos. Los pocos que quedaban sanos, me miraban con odio y una rabia infinita. Me lanzó contra una pared, y comenzó a asestarme puñetazos con sus enormes garras. Pese a la oscuridad, lograba zafarme de mi agresor y esquivar la mayor parte de ataques. Aunque los pocos que me alcanzaban hacían mucho daño, pese a llevar un chaleco acolchado antibalas. Cansado de esquivar, sintiéndome sin energías, cada vez me alcanzaban más ataques. No podía más. Me rendí, y esperé a que llegara la muerte. El monstruo profirió un grito triunfal, y se dispuso a terminar conmigo. Pero, se detuvo en seco. Comenzaba a amanecer. Los tibios rayos del sol se colaban por las mugrientas ventanas del almacén. El monstruo chilló, asustado. Correteó de un lado para otro, como si se hubiera vuelto loco. Entonces lo comprendí. No podía soportar la luz. Vi como se carbonizaba lentamente, por la milagrosa acción del sol, desperdigando partes de su asqueroso cuerpo en su demente carrera por salvarse. Intentando escapar, salió del almacén con una embestida, rompiendo el sello que él mismo había creado en la puerta. Observé como, horrorizado de que fuera hubiera más luz, se lanzó hacia el mar, intentando mitigar su dolor. Sumergiéndose en las oscuras aguas, volvió la cabeza y me miró con odio por última vez, perdiéndose en el vasto azul del mar. No pude soportarlo más. Caí de rodillas, como fulminado, y todo se volvió oscuro, como el interior del almacén aquella terrible noche…


Cuando desperté me hallaba en un hospital. Y no pude evitar soltar unos alaridos terribles después de la experiencia. Los médicos, que comenzaron a dudar de mi estado mental, me realizaron un test para verificarlo. Yo no paraba de repetir ‘’Él está aquí, Él está aquí…’’ por lo que los malditos matasanos me destinaron a un sanatorio mental. Y aquí estoy. No tengo fuerzas para seguir escribiendo. Espero que esta misiva le llegue a alguien que me comprenda, y vea el peligro existente para la humanidad en este momento. Fuerzas oscuras se apiñan en las sombras, buscando nuestra destrucción… Y no podemos hacer nada para evitarlo. Ahondan en la mente de las personas, utilizándolas para sus malignos fines, como le pasó al comisario Malcom. Ahora al fin comprendo la suerte que corrieron los desgraciados de mis predecesores. Fueron sacrificios. Sacrificios para monstruos sin nombre. Aún siento su presencia, su hedor, el sonido de sus gritos. No puedo soportarlo más. Voy a acabar con mi vida ahora. Espero que estos esbozos de un ‘’loco’’ lleguen a alguien que de verdad le importe. Él está aquí, él va a venir…. Y no está sólo.


Bueno,esto ha sido,en resumidas cuentas, una historia que me inventé y terminé el otro día. Y fijáos,la basé en un sueño que tuve...para que luego me pregunten por qué me despierto pegando gritos Jejejejejejejeje.

1 comentarios:

  1. hola sergio,soy guille,vaya unos sueñecitos k tienes hijo,tomate algo antes de acostarte jejeje

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